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Tabla de riesgos ARL: Cómo interpretarla y usarla en tu empresa

Entendé qué significan las cinco clases de riesgo y cómo impactan en tus cotizaciones y obligaciones de seguridad.

24 sep. 2026 · 9 min de lectura · Por Equipo FASEM

Cuando registrás tu empresa en una ARL (Administradora de Riesgos Laborales), uno de los primeros datos que te piden es tu actividad económica. A partir de ahí, te asignan una clase de riesgo que determina cuánto pagás mensualmente por cada empleado y qué tan exigentes serán las inspecciones. Muchos emprendedores y gerentes de RRHH se sorprenden cuando ven que una empresa de desarrollo de software paga menos que una constructora, o que una panadería tiene más obligaciones que una oficina administrativa. Esa diferencia no es arbitraria: responde a la tabla de clasificación de riesgos laborales, un sistema de cinco niveles que ordena todas las actividades económicas según su peligrosidad. En este post te explicamos cómo funciona esa tabla, quién la define, qué porcentaje de cotización corresponde a cada clase y cómo podés usar esa información para gestionar mejor tu presupuesto de nómina y tu sistema de seguridad y salud en el trabajo (SST).

Qué es la tabla de riesgos ARL y quién la regula

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La tabla de riesgos ARL es un instrumento normativo que clasifica todas las actividades económicas en Colombia en cinco clases, numeradas del I al V, según el nivel de exposición a peligros que enfrentan los trabajadores. Esa clasificación determina directamente el porcentaje de cotización que la empresa debe pagar a la ARL sobre el salario base de cada empleado.

El marco legal vigente está en el Decreto 1295 de 1994 (artículos 26 y 28), que estableció las cinco clases, y en el Decreto 1607 de 2002, que fijó los rangos mínimos y máximos de cotización para cada una. Aunque han pasado más de veinte años desde su promulgación, estos decretos siguen siendo la base del sistema de riesgos laborales en el país. Periódicamente, el Ministerio del Trabajo emite resoluciones que actualizan la tabla de actividades económicas (por ejemplo, sumando nuevas ocupaciones tecnológicas o del sector servicios), pero los cinco niveles de riesgo y sus porcentajes se mantienen estables.

Cada ARL está obligada a aplicar esta tabla de forma uniforme, aunque dentro de los rangos mínimos y máximos cada administradora puede ajustar la tarifa según el desempeño en siniestralidad de la empresa. Es decir, si tu compañía ha tenido cero accidentes durante varios años, la ARL puede ofrecerte una tarifa más baja dentro del rango permitido para tu clase de riesgo. Por el contrario, si acumulás accidentes graves o enfermedades laborales, podés subir dentro de ese rango o incluso cambiar de clase si modificás tu actividad económica.

Las cinco clases de riesgo: características y ejemplos

La tabla divide las actividades en cinco categorías progresivas. Acá te las explicamos una por una, con ejemplos concretos:

Clase I: Riesgo mínimo

Corresponde a actividades administrativas y comerciales donde el trabajador no está expuesto a maquinaria pesada, alturas, químicos peligrosos ni esfuerzos físicos intensos. Ejemplos típicos: oficinas de contabilidad, consultoría, desarrollo de software, agencias de publicidad, entidades financieras, call centers. El porcentaje de cotización va del 0,522% al 0,696% del salario base de cada trabajador.

Clase II: Riesgo bajo

Incluye actividades con exposición leve a riesgos físicos o mecánicos menores. Ejemplos: comercio al por mayor y al por menor (tiendas, supermercados, almacenes), algunas actividades de procesamiento de alimentos en ambientes controlados, restaurantes sin procesos industriales. Cotización: 1,044% a 1,653%.

Clase III: Riesgo medio

Actividades que involucran procesos industriales livianos, manejo de maquinaria sencilla, trabajo en altura moderada o contacto ocasional con sustancias químicas. Ejemplos: fabricación de productos textiles, ensamblaje de productos electrónicos, talleres mecánicos automotrices, panaderías industriales, transporte terrestre de pasajeros. Rango de cotización: 2,436% a 4,089%.

Clase IV: Riesgo alto

Engloba sectores con exposición frecuente a peligros físicos, químicos o mecánicos. Ejemplos: construcción de edificaciones, manufactura de productos químicos, fundición y tratamiento de metales, instalaciones eléctricas de alta tensión, transporte de carga pesada. El porcentaje va del 4,350% al 6,960%.

Clase V: Riesgo máximo

Actividades con exposición constante a condiciones extremas: alturas superiores a 1,50 metros sin protección fija, explosivos, minería subterránea, manejo de sustancias altamente tóxicas, trabajos en espacios confinados. Ejemplos: construcción de obras civiles (puentes, túneles), minería de carbón, extracción de petróleo y gas en pozos, demoliciones con explosivos. Cotización: 7,830% a 8,700%.

Cómo saber en qué clase de riesgo está tu empresa

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Cuando afilias a tu empresa a una ARL, el clasificador de riesgos de esa administradora revisa el código CIIU (Clasificación Industrial Internacional Uniforme) que registraste en Cámara de Comercio. Ese código describe tu actividad económica principal y automáticamente te ubica en una de las cinco clases. Por ejemplo, el código 6201 (Desarrollo de software) está en Clase I, mientras que el 4111 (Construcción de edificios residenciales) se encuentra en Clase IV o V según el tipo de obra.

Si tenés dudas sobre tu clasificación, podés consultar el Decreto 1607 de 2002 o comunicarte directamente con el área de afiliaciones de tu ARL. Es importante que el código CIIU refleje fielmente tu actividad principal; si tu empresa hace varias cosas (por ejemplo, comercializa productos pero también los fabrica), debés registrar la actividad que ocupa la mayor parte de tu nómina o tus ingresos. Declarar un código incorrecto para pagar menos puede traerte sanciones administrativas y, en caso de un accidente, la ARL puede recalcular retroactivamente las cotizaciones y multas.

Además, si tu compañía tiene centros de trabajo con actividades distintas (por ejemplo, una sede administrativa y una planta de producción), podés solicitar que cada centro se clasifique por separado, de modo que pagués la tarifa correspondiente a cada nivel de riesgo en proporción a la nómina de cada lugar.

Impacto de la clase de riesgo en el presupuesto de nómina

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El porcentaje de cotización a la ARL se suma al conjunto de aportes parafiscales y de seguridad social que todo empleador debe pagar en Colombia. Para que veas el impacto concreto, acá un ejemplo simple:

  • Empleado con salario de $2.000.000 en empresa Clase I (tarifa promedio 0,60%): pagas $12.000 mensuales por ARL.
  • Mismo salario en empresa Clase V (tarifa promedio 8,25%): pagas $165.000 mensuales por ARL.

Esa diferencia de $153.000 por empleado al mes se multiplica por toda tu nómina y por doce meses. En una empresa de 50 trabajadores, pasar de Clase I a Clase V puede significar más de $90 millones anuales adicionales solo en cotización ARL. Por eso es tan importante que conozcas bien tu clasificación y que implementes un sistema de gestión de SST robusto: reducir la siniestralidad no solo protege a tus colaboradores, sino que también te puede ahorrar dinero al negociar tarifas más bajas dentro del rango permitido.

Obligaciones adicionales según la clase de riesgo

Más allá de la cotización, la clase de riesgo influye en las exigencias operativas de tu sistema de SST. Según la Resolución 0312 de 2019, las empresas de 11 a 50 trabajadores en Clase de riesgo IV o V tienen estándares mínimos más altos que las de Clase I o II. Por ejemplo, necesitás un plan de trabajo anual más detallado, inspecciones de seguridad más frecuentes y, en muchos casos, profesionales especializados (técnicos o tecnólogos en SST) de apoyo. Las empresas de más de 50 empleados en Clase IV o V deben contar con un Sistema de Gestión completo, auditable y con documentación exhaustiva.

Además, la frecuencia de visitas de inspección de la ARL suele ser mayor en empresas de alto riesgo. Mientras que una oficina Clase I puede recibir una visita anual, una constructora Clase V puede recibir inspecciones trimestrales o incluso mensuales si ha tenido accidentes graves. Esas visitas evalúan el cumplimiento de la matriz de peligros (antes llamada panorama de riesgos), el uso de elementos de protección personal (EPP), la señalización, los procedimientos de trabajo seguro y la capacitación del personal.

Cómo usar la tabla de riesgos para mejorar tu gestión

Conocer tu clase de riesgo no es solo un dato para la nómina; es una herramienta de planeación. Acá tres usos prácticos:

  1. Presupuesto anual: incluí el costo real de la ARL en tu proyección de gastos de personal. Si estás por contratar 20 empleados nuevos en una actividad Clase IV, calculá el impacto antes de firmar contratos.
  2. Negociación con la ARL: si llevás varios años sin accidentes, solicitá formalmente una revisión de tarifa. Presentá indicadores de gestión (horas trabajadas sin accidente, capacitaciones realizadas, auditorías internas limpias) y pedí que te ubiquen en el mínimo del rango permitido.
  3. Planeación de cambios operativos: si tu empresa va a incorporar una nueva línea de negocio de mayor riesgo (por ejemplo, una agencia de marketing que empieza a hacer eventos con montaje en altura), consultá antes con tu ARL. Es posible que debas crear un centro de trabajo separado para esa actividad y afiliar a esos trabajadores bajo otra clase, en vez de que toda la compañía suba de categoría.

La tabla de riesgos ARL es mucho más que una lista de porcentajes: es el reflejo del compromiso del Estado colombiano con la prevención de accidentes y enfermedades laborales. Entender en qué clase estás, por qué estás ahí y qué podés hacer para optimizar tus costos y tu seguridad te da ventaja competitiva y, sobre todo, tranquilidad jurídica. Revisá tu código CIIU, compará tu tarifa actual con los rangos del Decreto 1607, y asegurate de que tu sistema de SST esté alineado con las exigencias de tu nivel de riesgo.

Si querés ayuda interpretando tu clasificación, diseñando tu matriz de peligros o mejorando tus indicadores para negociar una tarifa más baja, hablá con un orientador de FASEM. Podemos revisar tu documentación actual y armar un plan de acción concreto para que tu inversión en SST se traduzca en ahorro real y en equipos de trabajo más seguros.

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